Salio de convento y caminó. Toda su adolescencia la paso entre cuatro muros fríos y mohosos... Caminó sin rumbo.
Padre no la había venido a recoger y madre... siguió caminando.
No tardo en encontrar una posada, entró y, con las pocas monedas que aún conservaba, decidió pedirse su primer trago.
Todos la miraban y ella, miraba su vaso.
Nunca había sido una mala hija pero un convento era "lo natural". Convento que enseñaría a ser una futura esposa, casta y pura,
Bebió y su garganta se convirtió en fuego, en calor, en luz. A su lado ya sentaban dos señores que la miraban sin saber que mirar... su pelo, su sonrisa, su tez escarlata fruto del alcohol.
