Salio a una calle gélida, a una calle igual de oscura que su alma y comenzó a caminar. No existía un rumbo.
Se dejo invadir por la bruma que asolaba la ciudad y perdió la noción del tiempo. Se encontró a si misma sentada junto al rió tiritando; el sol despuntaba en la lejanía y decidió volver a casa.
La noche empezó bien, mas que bien, empezó soberbia. Una gran cena regada por un vino aun mejor, una sonrisa, una mano, un beso, la ilusión del amor en definitiva. Conversaciones mezcladas con sentimientos, con vino.
La noche empezó bien, mas que bien, empezó soberbia. Una gran cena regada por un vino aun mejor, una sonrisa, una mano, un beso, la ilusión del amor en definitiva. Conversaciones mezcladas con sentimientos, con vino.

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